EL PERÚ NO TAN INCLUSIVO


Ya viene octubre del 2018, las elecciones regionales y municipales se acercan, viva la democracia; veo los candidatos acudiendo a los votantes, con regalos y galones de pintura para la propaganda. Los más ricos, digo los candidatos van hacía los pobres, los electores; tremenda curiosidad de nuestro país, Perú, donde solo empresarios pudientes y bien vestidos pueden hacer política, pueden pagar los costos de invertir en el poder político; no veo al campesino, al obrero, al explotado en la lista de posibles alcaldes, pero así hablan que en Perú hay inclusión y no lo percibo.

La democracia y la inclusión pretende que a todos los habitantes de un país considerados como ciudadanos se les garantice sus derechos, además ejerzan, en lo que se llama la esfera púbica, su participación en la vida económica, social, cultural y sobre todo política; es decir, los ciudadanos deben de tener una cuota de poder, que su voluntad se traduzca en decisiones que deben ser cumplidas por los que personifican al Estado, gobernantes  o legisladores, así la democracia y la inclusión mejorarían sus condiciones de vida. Una intención muy hermosa. Pero...

...durante nuestra vida colonial o virreinal, en el Perú del encuentro de lo indio, lo blanco y lo negro; la metrópoli hispana, sintiéndose dueño del incario, en su lógica de por haberlo conquistado por lo tanto poseído, implantó una legislación a través del Concejo de Indias, una para blancos y otra para indios, el indio era considerado como súbdito del Rey y tenía sus autoridades, pero ser súbdito también lo condenaba a pagar tributos en especie o trabajo; el indio estaba sometido a un Estado extraño controlado por blancos pero que hacía las leyes para los indios y elegía por él a sus autoridades; es decir, el indio estaba excluido. 

...en la República del siglo XIX y XX, los indios, negros, mujeres y analfabetos, fueron privados de participar de lo que es lo más humano, su ciudadanía; así determinado por quienes fundaron esta República, todos ellos solo eran menores de edad o incapaces, por ello necesitaban del tutor Estado, del tutor patrón, del tutor militar; otros, los dueños del poder económico y político, podían decidir por ellos, podían decidir sobre sus tierras, sobre sus recursos, sobre sus hijos, hasta sobre su propio cuerpo en su sexo. La  vida republicana de nuestra patria seguía siendo exclusiva. 

...ahora, a razón de la coyuntura del crecimiento económico, los programas sociales creados por el Gobierno Peruano en los últimos quince años para ser administrados del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS), buscan a través del asistencialismo hacer que los más pobres se inserten a la vida económica y social del país, supuestamente; sin embargo, los índices de pobreza y pobreza extrema son muy altos, y hasta se afirma que van en aumento, la desnutrición y los problemas de salud son frecuentes, y el trabajo de los más pobres no se encuentra garantizado. Los pocos que mejoraron su nivel de vida al pasar la vaya de la pobreza, lo lograron a costa de entregar más horas  al trabajo y menos horas a disfrutar de sus sacrificados ingresos, o pasaron a la informalidad o ilegalidad de algunas actividad, para ellos el trabajo también no se encuentra garantizado. Muchos no participan en política, todavía hay exclusión.

En estas condiciones, ¿es posible que la mayoría de peruanos ejerzan eso que nominalmente tienen a partir de los dieciocho años llamado ciudadanía?, ¿puede alguien que está condenado a la esclavitud de sus necesidades participar de la cuota de poder, a través de los derechos políticos que garantiza la Constitución?, ¿en un país con tanta desigualdad se puede asegurar la participación  de todos los peruanos en democracia? Los representantes de nuestro país dirán sí, hay inclusión. 

La inclusión social no solo debe facilitar que la ciudadanía tenga más dinero en los bolsillos, así solo se los convierte en consumidores del sistema capitalista; la inclusión social no solo debe garantizarles el ejercicio al voto, eso solo los convierte en electores de los representantes del sistema capitalista. Una inclusión plena es democrática, una verdadera inclusión debe lograr que todo ciudadano, sobretodo el siempre excluido, participe plenamente en la vida política de su país, como representante, como autoridad, porque conoce mejor las verdaderas necesidades de quienes fue elegido. No soy técnico, pero cambiar esta situación de exclusión que a lo largo de nuestra historia y que ha sido un estigma de subdesarrollo solo puede lograrse si a los siempre excluidos se les mejore notablemente la calidad de vida, pero sin sacrificar más horas de trabajo por más salario, que a los siempre excluidos presos del reino de la necesidad se les permita disfrutar del reino de la libertad propio de la democracia; y a los siempre privilegiados se les baje  los privilegios para que compitan en las mismas condiciones que los excluidos, labor que el Estado, el gobierno y sus legisladores no lo hará, porque seguimos siendo el Perú no tan inclusivo. 

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