AL ARTE DE TERRUQUEAR
El peruano experto en colocar neologismos, en la escena política actual ha relanzado uno más, el término “terruco”, término despectivo nacido en la época de la Guerra Interna de los ochenta y noventa para remplazar la palabra terrorista de los de Sendero Luminoso o el MRTA, y significa en nuestro país: persona que simpatiza con las ideas políticas de izquierda, anarquistas, progresistas, pro derechos humanos, huelguistas, estudiantes contra Leyes Pulpín; a quien simpatice con Máxima Acuña que solo defiende una derecho liberal tan sagrado que es el de la propiedad; ya parece que “terruco” fuera la palabra para remplazar a “cholo” o “serrano”.
El término “terruco” utilizado por los sectores conservadores de derecha para censurar y evitar que cualquier ser humano en uso de su ética y razón pueda poner en crítica las prácticas de las malas artes de la política, el conservadurismo de la religión, los privilegios de los sectores acomodados o los recientes ricos, el mal funcionamiento del sistema de mercado que prioriza el crecimiento y no la distribución. Este sistema conservador sabe cómo jugar con los miedos y atavismos, y desde luego el sistema tiene los agentes perfectos para terruquear.
Es tan fácil utilizar el término “terruco” que no se necesitan estudios, grados ni títulos, pero titulados y graduados lo han utilizado; tan fácil de utilizar el término “terruco” que no es necesario un diccionario, solo es necesario un poco de euforia colectiva nacida del rechazo que propague por simple sugestión para atacar a quien navegue contracorriente, al que tiene el sombrero negro del pesimismo.
Me gusta leer a Michel Foucault, soy terruco; leo el Manifiesto Comunista de Karl Marx, soy terruco; leo a Orwell, soy terruco, leo a Mariátegui, pero no a Aldo, soy terruco; formo parte de un colectivo juvenil por los derechos ambientales o indígenas, soy terruco; reclamo mejoras salariales, soy terruco; pido igualdad, soy terruco. Por pensar te terruquean.
El término “terruco” en el Perú se ha creado para hacer creer al ciudadano peruano que debe ser feliz, a pesar de no haber motivos; para vivir en comodidad en medio de la asquerosidad del sistema, y aceptar a Montesinos y César Hinostroza; para aceptar las hilachas y los flecos y no ser dueños de todo el mantel, recordando a Sayri Tupac; para permitir que otros piensen por ti y así creer a una recua de parlamentarios naranjas.
Pero antes de decir lo qué es “terrorismo” y “terrorista”, que son los términos de donde nace “terruco”, mencionaremos aquello que no es terruco en Perú, pero que en otros países sería censurable. No es terruco insultar a los movimientos pro igualdad. No es terruco privar o excluir a minorías étnicas, religiosas, sociales de participar de la escena política y económica. No es terruco explotar a los obreros, niños y niñas en Madre de Dios por mineros informales. No es terruco dejar a los ancianos sin protección estatal en los años en que son más vulnerables. No es terruco dejar morir un paciente por negligencia y abandono hospitalario. No es terruco vender el gas al extranjero a un precio menor que al peruano de La Convencion. No es terruco cobrarle menos impuestos al rico, pero si más al pobre.
Ahora si podemos definir, según la DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) terrorismo significa dominación por el terror o sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror; mientras que terrorista es la persona que practica actos de terrosimo. ¿Quién trata de dominar con el terror? ¿Quiénes tratan de infundir miedo o terror con actos de violencia estructural? ¿Quiénes son los que infunden el miedo al pasado o al futuro?, así, los que nos terruquean en las redes sociales por contratados fujitrolls, en los diarios capitalinos, en la radio de todos los peruanos. Vaya forma de terrorismo, yo ni lo había notado, siempre creí que sólo era para referisme a quienes cometían matanzas masivas.

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