NI VOTANDO BIEN ESTA DEMOCRACIA FUNCIONA
Este siete de octubre del 2018 el Perú se vuelve a tocar con la borrachera electoral, perdón es fiesta electoral, la democracia reducida a las elecciones, al ejercicio del voto; la semana previa al día más importante, los candidatos a gobiernos regionales y locales, organizaban mítines, conciertos con artistas de talla nacional y mundial, regalaban polos y gorras, nos bloqueaban las vías, y nos ensordecía el griterío orgásmico de los militantes y simpatizantes en las calles y parques; meses antes todos los candidatos presentaron sus planes de gobierno viables o no, coherentes o absurdos a través de debates, en exposiciones y entrevistas detallaban lo que harán si llegan al poder. Pero, todos los candidatos al poder que llegaban a los pueblos olvidados de nuestro Perú, se vestían bonito, llegaban en una diligencia de lujosas camionetas y trayendo consigo muchos regalos, se nota que no son pobres; no estaba el campesino, el estudiante, el obrero ni la mujer del sector socioeconómico más pobre como parte del grupo de candidatos, esto me lleva a cuestionar que ¿son solo los ricos quienes pueden participar del juego electoral?, ¿realmente esta democracia funciona?, ¿quiénes ganan con la democracia?
Es seguro que el círculo social de la mayoría de los candidatos, es el de los ricos o millonarios, del sector socioeconómico A y B, aquellos cuyos ingresos puede con comodidad ser destinados a la inversión para atrapar el poder político, cualquier emprendedor o profesional que tenga ganas y el peculio suficiente para aventurarse a la lucha política puede participar; pero no vienen solos traen consigo sus financistas, empresarios que generalmente pertenecen a la industria de la construcción, proveedores del Estado, medianos empresarios que sueñan ser grandes, estos solventarán a los cantantes, los polos y gorras, la pintura, los padrinazgos y regalos para el populacho, los costos de la política necesitan financiamiento, qué mejor un desinteresado empresario que quiere colaborar con uno, dos o tres candidatos al mismo distrito o provincia.
Es más que obvio para quien trabajaran estos candidatos si llegaran a ser gobernadores o alcaldes, trabajaran para proveer de obras con licitaciones arregladas a sus generosos financistas, la obra pública o programa social del plan de gobierno ya tiene el nombre ganador del empresario, este empresario inflará superlativamente los presupuestos, los perfiles técnicos hechos con premura a un costo superior al mercado, el precio de la mano de obra y los materiales de construcción serán inflados o se utilizaran los de peor calidad, desde luego que a las autoridades también les cae una parte del presupuesto aumentado, entre amigos del mismo círculo social se deben de dar la mano, la autoridad electa muestra sus verdaderas intenciones de clase, ¿es así cómo debe funcionar la democracia, con corrupción y donde los ricos ganan?
Nos hemos olvidado de lo que pasó con el caso de mega corrupción Odebrecht, de cómo compraba el futuro del país, otorgando financiamiento a los candidatos y partidos políticos con la mejor intención de votos para llegar a la Presidencia de la República cuando estos estaban en campaña, y al mismo tiempo, al terminar la campaña Odebrecht recuperaba su inversión con manejadas licitaciones de obras de infraestructura millonarias, obras a las que se añadía sucesivamente más presupuesto haciendo que la obra cueste escandalosamente. No todos lo han olvidado, los empresarios peruanos que participan de la política, los que aportan a los candidatos, son los mejores aprendices de Odebrecht, aprendieron el mecanismo para acrecentar sus utilidades sin el sacrificio de luchar en el mercado, y por lo tanto son los que ganan con esta democracia peruana; la corrupción es lo de menos si para un empresario es una forma de incrementar su márgenes de ganancia.
Lo digo pesimistamente, iremos a votar solemnemente evaluando quizá con criticidad y seriedad los planes de gobierno y el perfil de los candidatos quienes prometen obras de impacto que mejorarán nuestra condición de vida, ejerceremos el voto consciente, terminada la votación con expectativa esperaremos a que los ganadores cumplan con sus planes de gobierno, los candidatos ganadores asumen el gobierno de las regiones y los municipios el primero de enero del siguiente año, pero nada de las aspiraciones de la población, nada de obras que mejoren la calidad de vida del más pobre, se colocará en la agenda de la autoridad a los amigos empresarios que aportaron en la campaña pero no las auténticas necesidades de la población; tanto tiempo acudiendo a votar, pero nada cambia, así ya no se puede confiar en esta democracia.
Toda esta situación hace ver la imperfecta democracia que tenemos, la democracia reducida al ejercicio del voto no garantiza la voluntad popular y el bienestar del pueblo, solo sirve para confirmar el carácter de clase de nuestro Estado al ser uno de los mecanismos de los grupos empresariales para perpetuar y acrecentar su dominio en el país, nos hemos quedado con la democracia de Atenas, de la República Aristocrática de inicios del siglo XX, continuamos así con la condición de país exclusivista, el país de pocos y no de todos, cuando en realidad la democracia debe de distribuir el poder a todos los estratos sociales.

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