POR AHÍ, UN PAÍS CON BAJA AUTOESTIMA
La capacidad de valorarnos, de sentir que merecemos una mejor condición moral y material en nuestras vidas, la percepción de incomodidad frente a los tratos hostiles o denigrantes de las personas y por lo cual no queda más que rechazarlos, que el futuro que nos espera será mejor que el bonito presente, son quizá formas como la autoestima opera en nuestra vida, cómo nos va construyendo; si bien la autoestima es una cualidad y fortaleza de la personalidad de cada quien, la autoestima individual se proyecta a una forma de autoestima colectiva, forma parte de la personalidad colectiva llamada cultura que opera casi irracionalmente, sin embargo, ¿en qué condiciones se encuentra nuestra autoestima colectiva?, baja desde luego, y ¿por qué?
Ante las evidentes muestras de inmoralidad y la ausencia de principios éticos que involucran a autoridades de gran investidura, quienes deberían de fortalecer las débiles relaciones sociales de nuestro país, quienes supuestamente son sus mejores elementos de humanidad, muchos de nosotros no mostramos formas de indignación colectiva, no hay la capacidad de señalar que esto es incorrecto a través de medios de comunicación u organización alguna, al contrario individualmente nos hemos adaptado, hemos equilibrado nuestros esquemas mentales a esta inmundicia y la justificamos, como sociedad casi nos gusta el maltrato moral, qué baja autoestima, a dónde hemos caído.
Aceptamos el trato denigrante de este Estado sobre los niños que trabajan cuando deberían de estudiar, sobre los ancianos que trabajan cuando deberían de descansar, sobre los presos que se deshumanizan en las prisiones cuando deberían de recuperar parte de su humanidad, sobre las madres que por el trabajo dejan de ser madres; y si todos formamos parte de un Estado, y entre todos nosotros deberían de existir sentimientos de unidad e identidad, y todas estas acciones son formas de agresión hacia nosotros ¿cómo es posible que los aceptemos sabiendo que la víctima es como uno mismo?, aceptar la desigualdad, la pobreza y la exclusión en los demás son problemas éticos de una sociedad con baja autoestima.
Somos capaces de entregar nuestra libertad al trato violento de un gobierno militar pro fascista, un gobierno de mano dura contra el mal hijo o el mal padre y a leyes frías más estrictas, sin que antes hayamos recibido la correcta educación y oportunidad que todo Estado debe brindar a sus ciudadanos, somos capaces de tolerar desapariciones y torturas para promover el orden de una sociedad que se resiste al cambio, justificando así el respeto por la moralidad y la ética, arriesgar la vida, integridad física y la propiedad de otras personas en pro de tu único bienestar y de lo que muchos consideran correcto ¿puede existir ética si actúas dirigido por lo irracional el miedo?, ¿hay ser moral si antes de la disciplina se encuentra la obediencia?, siendo obediente en respetar la moralidad impuesta no se tiene buena autoestima.
Consideramos que todo el tiempo pasado fue mejor, a pesar de su machismo más desenfrenado, del trato más discriminador de algunos grupos sobre otros, de los más grandes síntomas de pobreza extrema, de sus peores indicadores en acceso a la educación y salud, de su subdesarrollo rentista; por ello, tenemos miedo al futuro y al proyecto de futuro que provienen de otros esquemas de pensamiento que consideramos proclives a la perdición, callamos a los creativos y optimistas, preferimos la comodidad de ser hombres anclados a la utopía del pasado, sin la idealización de un futuro mejor no hay buena autoestima.
Desconfiamos del hermano, de nuestro amigo, solo tenemos potenciales agresores como vecinos, identifico mis miedos con el desconocido que puede ser un ladrón o violador de mi libertad, no estamos dispuestos a vivir en armonía con los demás porque suponemos que los demás no están dispuestos vivir en armonía, los temores son más grandes a los racional de la convivencia; ya sabemos que la falta de confianza es síntoma de baja autoestima.

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