UN PERÚ SIN PERUANIDAD
Desde mucho antes del Incario o Tawantinsuyu, en la cordillera de los Andes se gestaron una amplia diversidad de pueblos en el área occidental de Sudamérica, desde Caral en la etapa de revolución agraria, hasta el Reino Chimú contemporáneo a los incas, cada uno de ellos con sistemas políticos, económicos, sociales y culturales propios; el Tawantinsuyu y su avasallador sistema no lograron unificar los pueblos de los Andes en un solo patrón cultural por haber sido impedido a la llegada de los españoles, desde cuando estos llaman Perú a todo el territorio sudamericano donde llegaba el dominio político de España.
Claro apareció el nombre Perú, término colocado de manera arbitraria por los españoles, arbitrario, porque a los dueños de este suelo se les preguntó si así se llamaba; Perú se designó para designar el suelo, sin que los hombres de este suelo hayan desarrollado la concepción de ser peruano, o la identidad de sentirse peruano, la peruanidad no existía en los inicios de la conquista y del virreinato, lo peruano como concepto no tenía una definición; han pasado cerca de quinientos años, pero en el presente tenemos claro ¿qué es el peruano?
La palabra “peruano” debería ser el concepto que invoque al pensamiento las características más generales de lo que es el Perú, un país cuya diversidad cultural, racial, lingüística y natural es innegable; sin embargo, esto no ocurriría y el término es confuso aún, se va construyendo con dificultad, quizá por etnocentrismo, por rechazo o negación de algunos grupos. Definir el término “peruano” es necesario ya que sin este concepto es imposible desarrollar el término “peruanidad”, que es el sentimiento de vinculación afectiva hacía lo que llamamos Perú, a decir de Víctor Andrés Belaunde.
A pesar de que las culturas prehispánicas de los Andes eran relativamente distintos entre sí, y digo relativamente, porque en todos los pueblos habían algunos elementos que los unificaban, como la masticación de la hoja de coca, el consumo de alucinógenos locales, la economía agraria y las técnicas de cultivo, la práctica de las cabezas trofeo, los difuntos enterrados en posición fetal y otros; los pobladores de los Andes tenían conciencia, ósea se percataban del hecho que vivían en territorio con culturas tan disimiles, pero a la vez complementarias, no existía la concepción de lo “peruano”, pero sí el de diversidad y el interculturalidad tan necesarios ahora.
Tras la conquista o invasión, conquista o dominación española, el concepto peruano solo sirvió para imponer una serie de características propias de España a los pobladores del Ande, como cristiandad, instituciones monárquicas, súbdito, castellano y vestimenta, estos para adecuarlos al gobierno y a la dominación, pero no para incluirlos a los beneficios de este nuevo sistema, esto trajo consigo solo el rechazo de los pueblos originarios a lo que el término “peruano” podía significar, se cayó en el etnocentrismo y la negación de la diversidad (en las reducciones o pueblos de indios no se respetó la procedencia y costumbres de los indígenas, para los españoles todos eran indios y punto, por lo tanto se los agrupa).
En la independencia y la fundación de nuestra república, se debió realizar una construcción de nación de los antes pueblos dominados y también el término “peruano” debió de consolidarse, pero la construcción del terminó recayó en el criollo, en el blanco nacido en América también negado del poder por España, el criollo negó también la oportunidad de construir un Perú con peruanidad, con más roce en las diferencias; en nuestra república exclusivista y los sucesivos gobiernos el término “peruano” servía para olvidarse de lo andino, de lo negro, más delante de lo chino y nativo selvático. Lo ocurrido en la violencia política de los ochenta lo ha demostrado, cuando no existían los pueblos del interior del Perú, solo existía el Perú de Lima, Lima solo reaccionó a la violencia solo cuando Tarata estalló, solo ahí se dio cuenta que había más de un Perú, y más de un tipo de peruano.
Hoy todavía no se ha terminado de construir el concepto de “peruano” ni asentado la “peruanidad”, hemos avanzando lentamente al reconocimiento de nuestra diversidad, todavía falta apropiarnos de este concepto, no lo vivimos, de lo contrario un peruano sería fácilmente perceptible frente a otro; quizá se deba porque hay perniciosos chauvinismos regionales que no nos permiten integrarnos, mencionamos primero mi región o provincia, luego el resto incognoscible e imperceptible del Perú; también porque existe ausencia de un Estado, que si no llega a los pueblos más remotos de nuestro país, no desarrollará la identificación de todo peruano con Perú, que es la peruanidad, que es capacidad de identificarme yo con el otro, no importando de qué punto cardinal del Perú sea. Cuándo entenderemos que el “Perú de todas las sangres”, que este sinnúmero de vivencias enriquecen nuestra humanidad, economía y democracia; que no habrá unidad nacional sino hay una sana simbiosis intercultural en nuestro país.

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