UNA PRISIÓN LLAMADA PERÚ
El sistema penitenciario peruano debería de resocializar a los delincuentes, reeducarlos para reinsertarlos a la sociedad, reducir las los índices de actividad delincuencial y proteger a la sociedad de sujetos que pueden poner en peligro la integridad física y patrimonial, por lo que las instituciones penitenciarias cumplen una función terapéutica en la sociedad, es un anticuerpo necesario de salud moral y bienestar; sin embargo, estos solo serían objetivos lejos de la realidad, solo bellas intenciones del mundo de las ideas, por el contrario el sistema penitenciario reflejaría otros dilemas de nuestra sociedad.
Uno de los grandes problemas del sistema penitenciario peruano y las prisiones de nuestro país sería la anarquía y el descontrol, así en los penales de Piedras Gordas de Ancón, Sarita Colonia en el Callao, Lurigancho en Lima, Picsi en Chiclayo y otros serían un feudo más de los delincuentes y de malas autoridades penitenciarias desde donde el hampa organiza secuestros, extorsiones y el tráfico de drogas; además, en la revista dominical de televisión “Panorama”, un reportaje mostraba los privilegios de los que disfrutaban los internos, televisores para no perderse el mundial de futbol, refrigeradoras para las bebidas, cuartos ricamente enlozados, tragos a escoger, pero lo más grave sería como los presos condenados por delitos de violación administraban la prisión con el permiso de las autoridades penitenciarias, quienes eran los responsables de otorgar permisos para las visitas, reducir resolutivamente penas, otorgar otros beneficios penitenciarios, eran los delincuentes con poder, situación que muchos queremos tener estando libres.
Por otro lado, muchas prisiones tienen una realidad más inhumana; presos que viven hacinados en pequeñas habitaciones, duermen en colchones y frazadas asquerosas, sin contar con servicios básicos, otros han adquirido enfermedades como tuberculosis y diversos tipos de cáncer a falta de una atención médica de calidad, sin brindar una educación a los presos más jóvenes, sin una alimentación sin la protección a los presos de la tercera edad; una realidad lamentable que muchos de nosotros calificaría de justa, porque son elementos no deseados de nuestra sociedad.
Lo que se vive en las prisiones del Perú no es sino el reflejo y la prolongación de lo que se vive en nuestro país, fuera de los muros y alambres con púas de las prisiones, fuera de la vigilancia de los alcaides; como lo dijo Dostoievski que “el grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a sus presos”, si nuestros presos viven inhumanamente, entonces nuestra sociedad también es una realidad tan inhumana, si una sociedad es excluyente, sus prisiones también lo son, si una sociedad es corrupta, las prisión también lo es; por lo tanto, Dostoievski tiene razón. Como en las prisiones muy pocos son privilegiados de gozar de muchos placeres como el de una vivienda digna y hasta acceder al poder político, curiosamente muchos pobres y pocos ricos en prisión; también a muchos reos no se les brinda la educación y salud de calidad, oportunidades para reinsertarse a la sociedad, curiosamente también, un ex convicto tendrá tan pocas oportunidades como un alumno egresado de la educación secundaria para conseguir trabajo; por todo esto, Perú es más parecido a una prisión que un reino de libertad.
Finalmente, no todos estaremos de acuerdo con este escrito, quien lo lea dirá que defiendo a delincuentes, defiendo a los delincuentes como defendería a cualquier ser humano en una situación de menoscabo, menoscabo se sus derechos y su dignidad; por ser reo no se pierde la libertad, solo se la limita, se la restringe, en la prisión no se debe llevar al delincuente a un estado de deshumanización. Y también, si estamos de acuerdo con que algunos delincuentes no deberían de tener privilegios, por qué toleramos este tipo de situación en un ambiente de libertad.

Comentarios
Publicar un comentario